personal #2
mi (no)cuerpo y mi (no)género
soy no binaria. no binarie. nunca no binario: ella o elle, pero nunca él. más concretamente, soy agénero.
aprovechando a sacar los trapos del cajón, también sale otro: soy asexual. esta parte me gusta menos comentarla en público, mucha gente no entiende y no es precisamente de mi agrado tener que ir discutiendo (y defendiendo) mi vida sexual con gente que no quiere entender. pero bueno, ya que estamos, mejor sacar los trapos viejos y dejarlos airear al sol, que no cojan mal olor.
viejos para mí, viejos conocidos y viejos amigos, tanto el género como la orientación o la falta de ambos. parece una cosa rara, ¿no? andar cuestionándose estas cosas de una (une) misma (misme). me doy cuenta de que son cosas que afectan más a mi percepción propia que a la forma en que me identifica la gente, etiquetas que llevo por dentro, conceptos que me han liberado de (a) mí misma.
sigo pensando la mayor parte del tiempo en mí misma como ella. las viejas costumbres son difíciles de abandonar. nunca me he considerado mujer. chica, chavala, bueno, vale, no me dan tanto problema. quizás el conflicto del género me viene de la sexualización permanente de la mujer por parte de la sociedad, unido a mi asexualidad y el rechazo que me genera saberme cosificada por mucha de la gente que me cruzo por la calle. o quizás no.
desgraciadamente para mí, el aumento de peso que he tenido los últimos años me hace sentir más vulnerable a estas cosas: un cuerpo con más carne es un cuerpo con más sitios donde mirar. sé que no es cierto, que los cuerpos percibidos como femeninos son sujeto de miradas cosificadoras independientemente de su aspecto. el problema nunca es qué pinta tenemos nosotras, sino cómo son las personas que nos miran. cuando mi cuerpo estaba más delgado, sin embargo, era más posible pasar por alguien de género ambiguo, sobre todo durante las épocas de frío con abrigos y sudaderas. en verano no hay forma de esconderse. o quizás no sea esconderse la palabra, más bien moverme por el mundo sin tener que habitar físicamente el cuerpo que me ha tocado, casi como si fuera un fantasma, o un árbol, una planta, un muro de roca, un ratón, una culebra.
más de una vez me han llamado maricón. o chaval, que no es una palabra ni remotamente tan violenta. pero cuando recibes denominantes así y no te molestas más que por el insulto que es, sin tener en cuenta la equivocación del género, ahí sabes que hay algo raro.
hace ya unos 7 u 8 años que me identifiqué por primera vez como persona asexual, y no ha habido ni un solo instante desde entonces en que haya pensado que estoy equivocada en ese aspecto. fue relativamente sencillo, una idea que surgió de forma espontánea en mi cabeza en los meses posteriores a terminar la que hasta entonces había sido mi primera relación de pareja. no le di muchas vueltas al asunto, pero durante mis estudios de máster en una cuidad que no era la mía tuve tiempo y capacidad de indagar más en el asunto. todavía me acuerdo de estar en mi habitación en aquel piso compartido en Barcelona y rellenar un test en internet que me reveló que soy grisasexual. al prefijo gris nunca le doy importancia y siempre se me queda por el camino, porque una vez que te metes bajo el paraguas qué más dan esas 4 letras. que un simple test como los del buzzfeed decidiera mi identidad os podrá sonar raro, arbitrario, pero para mí fue como recibir una lectura del oráculo. eso, junto con las amigas que hice ese año, me ayudó a encaminarme en la vía hacia el autodescubrimiento. ese curso fue mi primera vez en acudir al orgullo, con una camiseta tie-dye arcoíris que me había hecho yo y un maquillaje en los colores de la bandera asexual, blanco, gris, negro y morado.
todavía tengo algo más que añadir al saco: soy bisexual. ya que estamos, para qué dejarme nada dentro del cajón. o del armario, del que nunca en la vida se deja de salir. cada persona nueva que conoces es un armario del que decidir salir, o quizá mejor quedarse dentro. no diría que es la parte más fundamental de mi identidad, pero me parecía feo no mencionarlo: todas las partes que me conforman son importantes.
el ser asexual o empezar a considerarme como tal nunca fue conflicto para mí, fue una idea que me cubrió y me arropó desde el primer momento. fue, y sigue siendo aunque algo menos, mi bandera durante unos años, cuando todavía en espacios queer en España, al menos a pie de calle, no se oía mucho el término. releo este párrafo y me siento como una de estas viejas glorias del cine español: en mi época… pero no se me olvida cuando saqué mi bandera asexual en un orgullo, atada a un palo de escoba, y unas cuantas personas me preguntaron que a ver de qué era, y hace ahora solo 3 años de aquello. que no es tanto, pero sí tengo la sensación de que algo ha cambiado desde que yo descubrí esto. no se me olvida tampoco la bandera asexual que veía colgada en un balcón en mi camino de vuelta a casa, y que me dio el valor de salir con la mía. esa bandera ya no sigue ahí, pero el sentimiento perdura.
lo del género, el no-género, el ser agénero, eso me vino más tarde. o me di cuenta más tarde, porque pensando hacia atrás también fue algo que empecé a ir procesando durante ese año de máster, incluso algo antes. lo que hace irse de casa, amigas.
las dos primeras veces que recuerdo mirar de frente el tema del género fue casi de pasada, en momentos que no duraron ni unos minutos. la primera ocasión, recuerdo estar con mis amigas de la carrera en una de las aulas de la biblioteca que podías reservar para trabajar. en algún momento, una de nosotras preguntó algo así como si éramos conscientes de ser mujer. recuerdo decir que sí, que de forma constante. todo el rato. no tengo mucha más memoria de esa situación.
la segunda vez fue durante una de las clases del máster, en la única asignatura en que no había más alumnas que yo: nanoenergía (una mierda, os lo digo ya). el resto eran todo chavales, más el profesor. recuerdo la única —quizá fueron dos— vez que contesté a una pregunta del profesor en clase, cómo me miró él y el resto de mis compañeros, recuerdo sentir que esa mirada no sería así de yo haber sido como ellos: un chico. no se me olvidan tampoco la sensación de duda que sentí, a pesar de haber estado segura de mi respuesta hasta el instante anterior a haberla dicho en alto, cómo dudé de mí solo por sentir esa duda proyectada desde el resto de personas —hombres— que había en el aula.
alguna otra experiencia más, sentirme libre en mi identidad como persona física sobre todo en momentos del año que hace mucho frío, y no era fácil adivinar mi género debajo de las capas de ropa, sumado al pelo corto que he llevado muchos años, me han llevado a darme cuenta que lo que más me oprime del género es la lectura que el resto de personas hacen sobre mí basándose en la idea de que soy una mujer. me di cuenta de que no es una idea que surja de mí misma, sino de cómo he sentido siempre que me ha percibido la gente a mi alrededor. si por mi fuera, si viviera en un limbo vacío de todo, sola, no sería mujer. mi género me es indiferente: para mí, no existe.
y sin embargo, sí existe. existe en la proyección que el resto de gente hace sobre mí, en qué se imaginan sobre mí, en los comentarios que hacen sobre mi ropa, mi aspecto. en el acoso callejero. no viene a cuento pero lo voy a contar: el otro día, estando con jon ander (mi pareja) y mi amama, un tío hizo a mis espaldas un sonido como de beso —muak— y luego me miró a través del cristal de la parada de bus, desafiante y ufano, orgulloso. yo le saqué el dedo, le hice la peineta, valiente por no saberme sola, y porque además eran las 6 de la tarde en el centro de Bilbao. al tío no le hizo gracia, puso evidente cara de enfado, y se acercó a encararme. en ese momento tuve rabia y miedo a partes iguales, le contesté que eso no se hacía y que a las mujeres no les gusta —¿nos gusta?— que nos hagan eso por la calle. tuve suerte porque no estaba sola, porque llegó el bus de mi amama y nos acercamos a la puerta a despedirnos de ella, y ya el tío se fue con su amigo, pero yo seguí durante un rato con el nervio en el cuerpo. ¿me habría atrevido a sacarle el dedo si hubiera estado sola? no lo sé. lo que sí sé es que ese tipejo hizo lo que hizo porque me leyó como una mujer aquel día por la calle, a pesar de yo no serlo.
al final, sí venía a cuento la historieta, porque por mucho que yo sea agénero, que me considere de una u otra forma, al mundo le falta mucho para ver más allá de mi forma física, de mi cuerpo de mujer. me siento feliz de conocerme más, de ser consciente de mí misma, porque es algo que me permite moverme por la vida con más tranquilidad y felicidad. pero también soy consciente de lo que supone para las mujeres, mujeres cis, mujeres trans, o para gente que no es mujer pero desde fuera nos consideran como tal, navegar el mundo en una sociedad que nos quiere con una forma y un aspecto concreto, disponibles para todos sus deseos, una sociedad machista.
no quiero acabar en una nota negativa esta publicación, tampoco sé muy bien por qué he sentido la necesidad de ponerme a escribirla. no me siento igual que en el post anterior de esta serie, cuando me sentía triste y rabiosa por temas de mi cuerpo y mi peso. con mi género y mi orientación me siento tranquila y segura, cada vez más con el paso del tiempo. sé que es algo sobre lo que quiero seguir aprendiendo y reflexionando, compartiendo con la gente, porque sí sé que hay gente que escucha y quiere aprender.
y ya con esto quiero acabar con el último recuerdo más reciente y que viene aquí a cuento, cuando hace poco me junté con algunos compañeros de la carrera en la boda de uno de ellos. estábamos 4, una chica, dos chicos y yo, justo fuera del bar antes de entrar, y a saber a santo de qué decidí salir del armario con ellos: soy agénero. tuve una respuesta general positiva, de curiosidad y aceptación, no hubo discrepancia o descontento notable, y no se me olvida la pregunta que me hizo mi amiga: ¿y cómo sabes qué eres o no eres? porque ¿qué es ser mujer? y yo le dije: pues no lo sé, pero sí sé que me así me siento más libre y más yo.
habrá que seguir aprendiendo al respecto.
✩₊˚.⋆☾⋆⁺₊✧
después de lo profundo, una posdata técnica, que en mi cabeza las secciones del blog están muy claras pero creo que no os las he explicado nunca.
un momento cualquiera: suelen ser publicaciones para leer en unos 5-7 minutos, algunas incluso menos, sobre temas variados como comida, cine, animación, libros… lo que se me ocurra. los suelo publicar entre semana, por la mañana, en días no fijos.
desvaríos: suelen ser (no siempre) publicaciones algo más largas, me enrollo más y no ando mirando que se lean en cinco minutos. me pongo a escribir, y lo que salga. también los publico sin fecha fija, entre semana y por las mañanas.
recetas: self-explanatory. publico pocas porque no me suele dar la vida para dedicarme a la cocina creativa.
pebbling: como pequeñas exposiciones de museo de las cosas curiosas que voy encontrando en internet, de las que hago acopio como un hámster hasta que tengo suficientes para una publicación completa. también en días sin fijar, entre semana y por las mañanas.
personal: hasta ahora la sección más corta, hablo de cosas personales (sorpresa) para ayudarme a mí misma a reflexionar. es un tipo de publicación menos frecuente pero también sale en días no fijos, entre semana y por las mañanas.
memoria virtual: mi sección de fotografía que publico los domingos por la tarde-noche. últimamente llevo muchas semanas sin faltar pero no puedo prometer que sea todas las semanas.




Jo que post tan bonito, aunque creas que ha quedado muy negativo. Siempre os envidio a las personas que os conocéis tan bien pero también se que es un camino muy largo 🫂🫂
Afortunada de que hayas compartido esto con nosotras 💜 me ha gustado el texto y me ha animado un poquito a plantearme escribir también 😊